domingo, 17 de febrero de 2013

ARC EN CIEL


Al llegar he comprobado que este invierno había sido clemente. Del grifo de la cocina, después de los estertores de saludo reglamentários, ha empezado a brotar agua mansamente. El coche, un Micra con más de trescientos cincuenta mil kilómetros a su espalda ni ha pestañeado al poner a prueba la batería y ha arrancado docilmente su motor. El fuego de la chimenéa,  animado por la leña guardada desde el verano, ha prendido a la primera. Y después de una mañana en la que el sol de febrero, ha estado ensayando con ganas, la tarde, me ha dado horas de luz suficientes para llegar andando hasta aquella añorada cala. Por si fueran pocos regalos, me ha dejado un trozo del camino renovado con unas gotas de lluvia inesperadas. Regreso que ya es de noche, a casa, bajo un cielo equivocado, pues parece de verano y el aire límpio y ahora frío, se lleva de mi cabeza, desiertos, selvas, humo, vino, palabras viejas, sueños con fecha de caducidad...Todo parece estar en su sitio. Rotunda y precariamente a la vez. Tal vez parezca pateticamente simple, pero creo que la felicidad debe ser algo muy cercano a esto.